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Por Jorge Peralta – Lectura 2 minutos

Cuando hablamos de una familia empresaria nos referimos a una familia en negocios y su empresa, que han pasado por un proceso de profesionalización. Ser una familia empresaria es la evolución natural y adecuada que debe de hacer una familia en negocios más allá de su fundador. Una familia empresaria es aquella donde algunos de sus miembros son dueños del capital mayoritario de la sociedad, en la que existe un propósito y una visión compartida en común de la continuidad de la empresa; así como de su participación en ésta, sea desde la propiedad (Junta General), el gobierno (Órgano de Dirección) o la gestión (Gerencia).

La familia empresaria es fruto de una cultura que promueve la unidad familiar y el compromiso con la toma de decisiones, la participación de los miembros de la familia, trabajen o no en la empresa familiar, y la vigencia de valores compartidos. El “orgullo de pertenecer” a la empresa familiar es una de las piedras angulares de la familia empresaria, y ello tiene un significado profundo en sus miembros, ya que, desde muy jóvenes, sus integrantes tienen un incentivo adicional para cumplir satisfactoriamente con sus obligaciones en los estudios y en la vida social, al saber que hay un futuro para ellos, rodeados de afecto familiar. 

Una familia empresaria ha experimentado con éxito un proceso de profesionalización en su administración y ahora ejerce una dirección objetiva y racional sobre sus negocios. Posee órganos de gobierno, para la familia y la empresa, y toman decisiones a nivel estratégico basadas en información veraz, relevante y oportuna. Los roles y funciones de los miembros familiares y no familiares en la empresa están claramente definidos y poseen un sueño compartido que es reconocido y aceptado por sus miembros.

Una familia empresaria toma mejores decisiones y a consecuencia de ello es más sostenible en el largo plazo. Al haberse profesionalizado la toma de decisiones son menos dependientes de una “persona clave” o un «familiar dominante», ya que son capaces de tomar decisiones de una forma determinada en ámbitos determinados. Esta profesionalización consiste en la introducción de cambios en el sistema de la empresa familiar de forma que se reduzca la dependencia en la “persona clave” sin que la empresa pierda su capacidad de competir, sino por el contrario esta se vea aumentada.

 La familia empresaria no nace, sino se adapta y evoluciona hacia ello. Se adapta y evoluciona, es decir se transforma, basada en la unidad y el compromiso con las decisiones tomadas por los integrantes de la familia, trabajen en la empresa, o no.