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Por Jorge Peralta – Lectura 2 minutos

Para algunos empresarios el término Empresa Familiar les resulta peyorativo, por lo que se resisten a aceptar que la suya lo sea. Otros comenten un error al definir a la empresa familiar por su tamaño, así como creer que se tratan solo de micro o pequeñas empresas. Sin embargo, en nuestro país, también contamos con empresas grandes y corporaciones como BBVA Continental (Brescia), BCP (Romero), Gloria (Rodríguez), Interbank (Rodríguez Pastor), Belcopr (Belmont), Minera Hochschild (Hochschild), Minera Buenaventura (Benavides), Arca Continental (Lindley); entre otras, que son empresas familiares.

Aunque actualmente, la falta de integración teórica ha propiciado que existan muchas definiciones sobre la empresa familiar, la mayoría de los expertos en el tema la asocian con el control accionario y la dirección en manos de los miembros de una familia propietaria, destinada a ser transferida a la siguiente generación. Partiendo de este criterio el profesor Miguel Ángel Gallo (1995) propuso la siguiente definición:

“Una empresa familiar es aquella en la cual una familia tiene el control sobre la propiedad. Dos o más miembros de esa familia la administran y toman las decisiones estratégicas y trabajan en ella. Asimismo, tienen la intención de conservar la empresa a través de varias generaciones”.

Bajo ese concepto, crear, hacer crecer y sostener una empresa familiar en el tiempo no es una tarea sencilla. Requiere de perseverancia, trabajo arduo y mucha energía; entre otras cosas más. Por eso, no cualquier familia logra tener una empresa familiar exitosa. Pues, más allá de los recursos convencionales que se requieren para sacar adelante a una empresa, este tipo de sociedades tienen características que las hacen muy particulares ya que experimentan más problemas que una empresa convencional.

Una empresa familiar también es un sistema de alta complejidad conformado por la familia y la empresa. Donde el subsistema familiar es impulsado primero por las emociones y segundo por la economía, mientras que el subsistema empresa es impulsado primero por la economía y segundo por las emociones, creando prioridades muy diferentes pero superpuestas. Y ahí es donde radica su complejidad.

En la empresa familiar sus integrantes deben trabajar firmemente por mantener la unidad y el compromiso con las decisiones que se toman; así como, imaginar un sueño compartido en común para afianzar su continuidad. Pues si sus miembros se sienten identificados con este sueño compartido, tendrá sentido que se planteen ser una familia empresaria. Si, por el contrario, no se sienten cómodas con este sueño compartido, quizás sea mejor que reconsidere la idea de compartir un negocio familiar y se propongan otro tipo de proyectos.