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Por Jorge Peralta – Lectura 2 minutos

Uno de los desafíos transversales que afrontan las empresas familiares es poder gestionar la emocionalidad de sus integrantes. En nuestra experiencia en consultoría, más de dos tercios de las empresas familiares con las que hemos colaborado presentaron dificultades en este tema. No gestionar apropiadamente la emocionalidad de los integrantes de la empresa familiar es una de las principales causas que afectan directamente a su continuidad.

Cuando en la empresa familiar la emocionalidad es intensa las emociones se viven a “flor de piel”, sus miembros terminan comunicándose de manera agresiva o bien entran en un estado de apatía y se alejan de la conversación. Incluso puede haber ocasiones en las que se faltan al respeto y esto puede provocar resentimientos. Por lo que algunos de sus miembros incluso pueden llegar a experimentar momentos de mayor estrés y esto, a veces, termina por producirles enfermedades. Esta situación, contagia al sistema familiar aumentando la complejidad de la relación familia – empresa.

Cuando los niveles de emocionalidad son altos la racionalidad en los miembros de la empresa familiar disminuye. Hay menor tolerancia y mayor tensión, generándose una menor capacidad para mantenerse neutros ante situaciones de estrés. La comunicación pierde su objetividad limitando la capacidad de sus miembros para tomar decisiones apropiadas. En este escenario se tiene una menor probabilidad de ser una empresa familiar sostenible a largo plazo.

Por otro lado, cuando el nivel de racionalidad es elevado la emocionalidad disminuye, pero se genera mayor frustración por crearse un ambiente rígido que afecta la fluidez de la comunicación; dificultando la libre expresión de las aspiraciones de los miembros de la familia. Esta situación tampoco es favorable para la continuidad de la empresa familiar.

Lo recomendable es buscar un punto intermedio en el cual la racionalidad sea un poco mayor a la emocionalidad. Sin embargo, esta labor no es sencilla, pues requiere de buenos líderes en la empresa familiar y trabajar la inteligencia emocional. Por ello, conviene que los miembros de la familia desarrollen su capacidad emocional de manera consiente y progresiva. (Ver Figura).

 

Para desarrollar la capacidad emocional los miembros de la familia deben partir del conocimiento individual, el conocimiento de los patrones familiares, ser observadores del sistema familiar, desarrollar la autogestión, la empatía y la escucha activa. Esto les permitirá saber que les motiva y apasiona y estar al tanto de la manera de relacionarse entre sí. El observar el sistema familiar desde afuera, les ayudará a ser neutros y mitigar que se les dispare la emocionalidad. La auto gestión les permitirá perfeccionar el manejo sus emociones para que su parte racional tome buenas decisiones; y la empatía y la escucha activa les ayudará a mejorar su intuición y su capacidad de relación.