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Por Patricia Vidal – Lectura 2 minutos

Hace 15 años ingresé a trabajar en la empresa familiar. En un primer momento, pensé que estaba preparada. Había estudiado negocios en una universidad de prestigio y trabajado para empresas transnacionales por casi 10 años.  Sin embargo, permanentemente sentía que no contaba con las herramientas y los criterios suficientes para afrontar situaciones. 

Trabajar con mi padre, a quien respetaba no solo como padre sino como una persona que tuvo el coraje de emprender un negocio en un país como el Perú, se tornaba muchas veces desgastante y difícil de manejar. No entendía por qué nos costaba tanto llegar a acuerdos, tomar decisiones e implementarlas.

En este escenario, comienzo a explorar académicamente el Concepto de Empresa Familiar y conocer las herramientas particulares que existen para gestionarla. De lo vivido y aprendido en esta búsqueda, puedo compartirles las siguientes recomendaciones:

1.- La familia y el negocio son dos sistemas vivos que funcionan bajo lógicas distintas, y que al convivir ambos en una empresa familiar, se puede producir desordenes.

2.- Desarrollar la capacidad de hablar sobre temas difíciles en la empresa familiar es vital. Las familias deben construir un ambiente de confianza donde se pueda plantear los desacuerdos y buscar soluciones juntos. Tener acuerdos formales respecto a la intervención de la familia en la empresa reduce las situaciones de conflicto.

3.-Tener las instancias en donde se deben tomar decisiones: familia y empresa. (i) Consejo de Familia para los temas de familia y negocio, (ii) Directorio u órgano equivalente para el gobierno de la empresa y; (iii) Comité Gerencial para apoyar la gestión de la empresa.

4.- Cada empresa familiar tiene sus propias características, y por lo tanto no hay una receta única para gestionarla. Las características que tenga la familia y el negocio van a determinar el grado de complejidad de ambos.

5.- Las empresas familiares son muy diversas. En un extremo, tenemos aquellas donde hay un único líder que centraliza totalmente el poder y las decisiones; en el otro extremo, empresas familiares que han dejado la gestión y la han delegado a profesionales no familiares. Cada una de estas empresas van a requerir distintas herramientas para su gestión.

A pesar de la connotación negativa que muchas veces tiene una empresa familiar, personal y profesionalmente, puedo decir que trabajar en la empresa de mi familia me permitió conocer herramientas de gestión que difícilmente hubiera conocido en grandes empresas corporativas.

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